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Mi Credo*

Entre noche y rezo, avoco fuerzas para encontrar la felicidad.

Me refugio entre las decretes de mi Señor…

-Dios, perdona a esta mujer de los pecados que ha cometido, y perdona a todos aquellos que se desviaron por tu sendero. De recompensa, acudiré a esa casa limpia, “aunque tenga que dormir sobre montones de basura.” (1)

Ser tan señero, tan quimérico. Desafiar al mundo por querer el cambio… las respuestas de toda aquella pregunta.

Pero no necesito más agobio, y pensar que mi necesidad se basa solo en las cadenas de la clemencia en palabras, creíbles o no para unos cuantos oídos.

Esa osadía de los emprendedores que se aferra a esgrimir la importancia de una existencia… ¡la existencia humana!

Esa actitud despótica daña al hermano,
¡Mentiras, hipocresía, engaños!

Condenado sea todo aquel que acepte ser víctima de los siete e intimide a otros por la espina que ha clavado en su corazón.

-Dios bendiga con su luz el milagro de la vida, el milagro de enfocar esperanza en la humanidad.

Misericordia, ¡humanidad, date cuenta de ello!
Comprensión, ¡humanidad, date cuenta de ello!

Tú, como ser humano, toma la mano del desorientado; siente la dicha de tal perfume y reconoce cual fue el impulso que lo llevó al crimen de la duda que emana su creencia.

Hastiada me hallo de este mundo lleno de dolor, de pesares…

Mi credo, ¡humanidad, date cuenta de ello!

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