vengamos señor tu reino
con todo y muebles
josé cruz / aliento de fuego
y ahora aquí ando reconciliándome
con el que tenía olvidado,
llenándole de nuevo su dulce mirada
de promesas
con cantos y alegorías al pasado,
pidiéndole compasión y dulces y zapatos
que los míos ya están viejos
y pidiendo dueño nuevo
piden a gritos el asfalto y una cajita de 4x4.
tengo luces
que no parecen de campanitas
sino de vergüenza de no pedir ¿a qué más?
con esto tengo y con esto es suficiente
con eso me basta
son largos sus brazos,
quemados y olvidados,
son una cuna sin bebé
puros y místicos como su nombre
alelos del pasado, melodía de su futuro
gigantes como la aurora,
cristalinos como un deseo
como cuando suena un violín
y grita de miedo su canto,
y se esconde tras su varita mágica su cuerpo
y retumba en el aire su llanto,
y suena como piedras ajenas su eco
así es él, a veces extraño y compasivo
pero fuerte como él ninguno,
sabio como él quizás su sangre,
que se cayó por estas tierras
de misterio y pecado
cuando apenas y se escribía el mundo,
cuando todo era pequeño
dentro de este vaso,
el agua aún no se salía asustado
de entre los bordes,
huyendo como cobarde intruso
que llegó a zambullirse
hacia esa época, hacia esos días
todo era íntimo,
más íntimo que hoy,
más pequeño que la llovizna de hoy,
todo era cansado e indócil,
pero fuerte y arraigado
lleno de abolengos que hoy mueren
y no resucitan,
ya no se levantan y ahí se quedarán.
el cansado se levanta,
creo que por la inercia misma
que hay en su espalda,
la inercia misma que lo creó,
que lo parió, que lo hizo santo
que le regaló esas alas
que hay sobre sus ojos,
cada ceja suya alumbra la noche,
es mentira que la luna es un astro
son sus guiños del lado izquierdo
ya aburrido,
es mentira que el sol fue rá,
son los piropos que le cantan a su creación
son la fuerza con que se mueve el viento virgen que va naciendo
son el bittersweet de esta vida de arraigados
de estados mentales, que crean astros,
seres inocuos, incubus, sukubus, brujos,
magos, hechiceros,
nada de eso es él, él es querubes,
fuerza, vida, alas,
odio perdonado.
sus soldados aletean como abejorros,
pican aquí y allá como colibríes,
son belleza infinita en un mar de monstruosidad
“y con sus lápices de nubes pintan adioses a las guerras”
aunque no los escuchen, aunque no los vean,
aunque no sean reconocibles o no los quieran ver,
aunque se disfracen en lo oportuno, en lo visto,
en lo palpable, en lo amable
como sea que estén, ahí están,
junto a él y junto al que los ve,
junto a los que aman la fe,
a los que la pierden,
los que nunca la tuvieron,
los que se fueron al nacer,
a los que la buscan
a los que vuelan en pedacitos por el contacto entre aire y odio
a los muertos vivos,
que privan de la libertad
a los que se los llevan los odios semejantes,
a los ahorcados
y quemados en lo infinito del tiempo
a los incomprendidos y asustados,
frágiles, mártires, sabios pensantes, sabios iluminados, sabios elocuentes
llenos de la esperanza que les da el cansado.
al cansado se le llama alfa otros le dicen omega
otros lo llaman esperanza, fe,
otros lo invitan a la guerra y en su nombre proclaman su bandera,
la mueven y la mueven
y bendicen las muertes,
entre cruces y espadas modernas
acaban con sus soldados,
matan la esperanza
y volvemos al principio,
aún no nos movemos,
aún somos estáticos,
la inercia que lo trajo nos va llevando,
la inercia que lo parió nos está matando
el amor que lo vio nacer,
se nos está acabando,
las lágrimas que por su sangre se han secado, nacieron de nuevo de la tierra,
las parió la tierra ardiente y abrasadora que las sepultó
las sacaron sus hijos con su proeza heredada, con su terquedad genética
con sus colores rojos y amarillos
los blancos y los negros ahora son uno solo,
somos todos los que somos y los que estamos,
no somos mas que puro cuento,
pura imagen barata de lo que queremos.
el cansado nos abraza,
su alegoría nos alegra,
nos recuerda lo cómodo
de unos brazos húmedos y cálidos
nos besa nuestra frente
con el beso más puro,
con el beso más casto
con el beso de gigantes,
con el beso heredado.